La letra “a”

Rechazo la letra “a”,

el rosa sobre el cuerpo,

el laberinto azul

al que nos lleva el golpe.

 

Salir de casa

tratando hacer

esconder los nombres,

la palabra.

 

Esconder también un mes,

el tiempo dentro,

el hueco por el que entra el hijo.

Y volver a hablar de él,

que no existe.

 

Y no quiero ser otra,

otra que dice “hijo”,

que trata de hacer un hijo

mientras trabaja

y necesita a alguien

que lo meta dentro,

que lo eduque,

para que sea menos loco,

más humano.

 

Sacar después

otra mejor persona

abandonada por el sol,

por su gobierno.

Otra,

para la que aprender

no sea un sueldo;

un hombre, una mujer,

que arrastre a su familia.

 

Otro superviviente hacia la luz.

 

Gestar un llano,

una risa,

un anciano,

– adolescente antes -.

 

Cómo explicarle

que la ilusión no lleva al horizonte,

que lo mueven otros,

hijos de otras guerras,

que la conciencia es poderosa,

pero deciden otros,

más inconscientes, herederos.

 

Dónde anclarle a la verdad

para que pueda decidir,

para que entienda.

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