Las hijas únicas,

ancianas,

observan.

 

Cómo las ventanas llenas

de personas solas

han lanzado un grito también único.

 

Las manos siempre

compartiendo todo.

 

Envían y reciben.

No hay encuentro.

 

La edad no espera.

La comprensión.

Una familia.

 

Esconder el útero para que nada crezca.

Evitar hablar de él, la palabra mujer,

llenar de acción el tiempo.

 

Evitar mirarse, la luz, hablar,

que nada ocurra.

Confirmar la huella,

tratar de borrarla.

 

Desaparecen.

No hay testigos.

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