La vieja

A Dolo,

La vieja me sujetó la mano.
Estaba fría.
Desde entonces cargo con el miedo de la vieja,
las manzanas de la vieja
y no quiero crecer más.

Ando agachada porque su techo de plástico
se sujeta en mi memoria.

Me baño en un barreño
que lleno con cubos de una fuente,
de agua fría de una fuente.

Escondo mi rastro,
escucho las voces de los santos
que cambian de lugar para confundirme.

Recuerdo a mi madre.

Hago nudos de alfombra persa.
En ello he consumido el hueso de mis muñecas.
Nunca pude comer con la mano izquierda.
La derecha la cubro con cera para curarla.
Tengo la invalidez absoluta.
Tengo el miedo y el recuerdo de un hermano muerto.
Tengo las fechas y soy débil.

Cuido a una niña y la aparto de su madre.
Quiero quedármela.
La lleno de amor y de caminos.
Le cambio la culpa por el juego,
el mantel y el pollo por el juego.
Quiero quedármela.

Visito a su familia que me alimenta,
bajo las calles con bolsas pesadas,
tropiezo con los adoquines,
lleno el mueble de medicinas.

“El vaso es para tu agua”.

Escribo en el calendario.
Me caliento con estufa de butano.
Coso porque tengo hilo.
Quemo las fotos para que no se pierdan.

No he visto el mar.
Abro los ojos. No son azules.

Hoy no limpiaré su tumba para que la vean.
Su soledad es permanente.

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Una respuesta a La vieja

  1. Ciudadano Kane dijo:

    Dolo?

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