Los buitres

Esta es la primera página
la espontánea
la que no pensé.

No respondo por ella.
Es el muro blanco de la infancia.
Oculta el miedo a rasgarse,
al ruido de lo roto.

Ando despacio,
a veces corro.
Puedo mirar atrás,
perderlo todo
y construir el mar con la sal de las estatuas.

Recojo las piedras de otras casas,
por eso soy distinta de los que me hicieron,
tan distinta que parezco otra y no me reconocen.

No soy su proyecto.
Soy mucho más lenta, más volátil,
pero llevo las marcas de su rostro,
y eso asusta,
y eso no puede matarse sin matarme yo.

Arrastro una madre,
arrastro una mujer inmóvil, asustadiza,
como un carro de caballos locos.
A veces chillan,
y tengo que girarme.

Ahora son delfines, y me hunden.
Los mismos gritos.

Ahora son hormigas,
y cavan túneles que sobrevuelo.

Ahora son buitres esperando la caída,
el golpe de partir los huesos,
de romper cartílagos,
esparcir la carne.

Mientras,
la madre inmóvil, observa.

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