Destruir mi cuerpo

A Dolo, 

Decir algo bonito
y después
partirme algunos huesos.

Dejar caer mi edificio.

Dejar de ser poeta
porque en todos mis poemas
se muere, y es incómodo.

La misma música,
la misma palabra otra vez volviendo.
El giro de muñeca que la ancla al papel.

Escribo para quitarle alas
a las plantas de mis pies,
para entender el vuelo
y secar al aire las secuelas de mis plumas.

Escribo para escapar del nido,
en el que espero
la mano que me tiende el alimento.
Así como en las cárceles.
Así es el miedo.

Escribo.

Para centrar el eje de mi máquina,
para explicar cómo funciona.

Escribo un manual
en varias lenguas que no entiendo,
que no entenderé después.

Subo a los balcones,
arranco las páginas,
pregunto
si alguien puede
desplazar el frío,
la ruta de mis pájaros,
alejarme de la infancia
y aprender a llorar los cuerpos
abandonados bajo tierra.

Cómo único consuelo
mi recuerdo,
hasta que yo termine.

Siempre
fuera
quedará lo escrito.

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