Asesinatos correlativos

Nos hemos cansado
de meter la cabeza en la máquina de fotocopias.
Nos hemos cansado
de los médicos y sus recetas de cura crónica.
Nos cansamos ayer de llorar al padre
y a sus expectativas de mujer y éxito.
Nos cansamos de poetas sin espejo,
de las sandeces humanitarias,
y de las listas
de la compra,
de pros y contras,
de nombres de hijos proyectados,
testamentos y últimas voluntades.
Cansados hoy de bañadores y carteles de rebajas,
de picar billetes en túneles.
Cansados de la escarcha en la sección de congelados,
de tocar genitales, corazón helado.
Nos hartamos de escuchar a otros
para evitar nuestras verdades,
pintarnos los bordes de las manos
y dormir armados,
lavarnos los dientes y los ojos
del insulto más insoportable:
fingir felicidades de once letras.
Cansada yo de evitar el yo diluido en bebidas crudas.
Antítesis y sinónimo de pocas palabras,
silencioso, amanecer post-coito.
El desastre trepador espera decisiones.
Cambiar el pensamiento bipolar
que descansa en los palacios.
Asomados hombres de cuatro sueldos,
cargos, bolsas, ojeras,
robo a cuatro manos.
Alégrate ciudadano
de tu condición,
de tu nómina revolucionaria
desglosada hasta los tres últimos céntimos.
Que sí, que estamos hartos,
de crecer en la duda de la buena educación y lo correcto.
Pienso cada noche en diez o doce asesinatos
correlativos.

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