La longitud

La mujer elástica de querer inalcanzable
ha estirado tanto los huesos
que es ahora un cartílago gigante.
De eso son los dientes.
Enormes fábricas humeantes
haciendo tiburones en series numeradas
para contentar a los accionistas, coleccionistas, equilibristas
que sostienen la bola tierra
con un dedo de moneda de veinticinco.
Y la giran como Chaplin.
Nadie ríe.
No hay película.
No hay dinero para pagar a los actores.
Enormes calculadoras humeantes
haciendo operaciones en series numeradas
para contentar a los empresarios, dromedarios de una o dos jorobas.
Que me enseñen a saber la diferencia
entre camellos de casa para dos
de exceso de alimento, agua, sed, y alimento.
Que me enseñen a entender
la proporción del reparto de gusanitos en un juego de niños:
“dos para ti, uno para mí”,
quién manda en esto
si no son los de la papeleta,
dónde está sentado
para ir a levantarlo, sacudirlo, devastarlo
en su propio terremoto.
Y que no es Dios, no os confundáis,
es uno de nosotros.

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