La máquina del olvido necesario

Escribo desnuda de aire

para leerme desnuda de alma.

Completo el espacio,

lo deletreo.

En cada letra un camino.

Vuelvo a llegar tarde al desacierto de ser útil.

Alardeaba hace horas

de tener la máquina del olvido necesario.

El olvido pincha,

es un cristal de vaso roto

y el suelo malbarrido.

Aparece y te jodes.

De este lápiz sólo queda goma,

la marca de fuerza hoja tras hoja.

Sé desplazar a oscuras

pasillos de baldosas enteras.

En corta y pega te hago un hueco

profundo,

y te escondes.

Sé destrozar a la luz del día

mi propia ilusión desesperada.

En corta y pega me hago un hueco,

profundo,

y me encuentras.

Aprendí a sostener un muro de amantes.

Hay en él bloques de piedra,

un “tal para cual pero imposible”,

encajes de adobe y paja,

y esclavos de “soy libre”.

Lo que parece un techo es mi constancia,

en construir la rutina, el dormir y el alimento.

Domino el arte de superponer.

Me consuelo de uno y otro

con uno y otro.

En realidad soy inconsolable.

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