Te escupo,

y eso es poesía.

Es mi vómito interior,

insomne,

que entiendo yo.

Te grito en un hilo

un hilo que agrieta las manos.

No son cortes de papel,

sino de huesos.

Son todo lo que dices y no haces.

Enséñale a mi cuerpo a correr,

a decir no y creérlo.

Enséñale a mi cuerpo a separarse

del abrazo de un muerto.

Enséñame a mí a gritar,

a nombrarte en ese grito,

trasladando mi dolor tuyo.

Que se te rompan todas las articulaciones,

y no puedas hablar,

porque no sé dejar de creerte.

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