En la orientación de los abrazos, como en las palabras reversibles.

Leo aquí: “me abrazaban y quería salir corriendo”.

Y mi cuerpo no es tonto, que sabía lo que hacía.

Se quedó en el abrazo y ahora salir corriendo lleva tanta agua que no sé qué es estar más ahogada:

irme o quedarme.

No quiero volver a decir: “Otra vez”.

Cuidarme es mi única intención o tendré que sacarme toda la sangre para descansar.

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